14 de abril de 2024 -- Tercer domingo de Pascua "B”

Hechos 3:13...19; 1Juan 2:1-5a; Lucas 24:35-48

Homilía

          Lo más sorprendente de este Evangelio es el miedo con el que se apoderan los once Apóstoles y sus acompañantes. Poco antes, los discípulos que se habían encontrado con Jesús en el camino de Emaús y lo habían reconocido al partir el pan, habían regresado para contárselo a los Apóstoles. Ellos respondieron: "¡Es cierto! El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón. Antes estaba el testimonio de las mujeres que acudieron al sepulcro en la mañana de Pascua. Así que todos sabían ya que Jesús había resucitado. De repente, mientras hablan juntos de Jesús, éste aparece en medio de ellos y les dice simplemente: "La paz esté con vosotros". Y eso es suficiente para que tengan miedo y se llenen de temor. ¿Cuál es entonces el origen de este miedo?

          La razón de su temor es, sin duda, que el Jesús que se hace presente en medio de ellos es diferente de la imagen que se han formado de él, y de la que siguen hablando.

          ¿No está ocurriendo algo similar en nuestros llamados países de la vieja cristiandad hoy en día, tanto en América como en Europa? Hablamos mucho de Jesús, como hacían los Apóstoles entre ellos. Quizás olvidamos con demasiada facilidad que Jesús es otro que todas las imágenes que tenemos de Él. Estas imágenes nos pueden servir para entrar en contacto personal con él y, sobre todo, para "hablar de él".   Pero estas imágenes ya no son una mediación eficaz para una parte muy importante de los hombres y mujeres de nuestro tiempo, que no han rechazado necesariamente a Cristo, aunque hayan abandonado la práctica sacramental y quizás incluso la institución eclesial.

          Probablemente deberíamos estar mucho menos seguros de todo lo que tenemos que decir sobre Jesús y dejar que se haga presente en medio de nosotros de maneras inesperadas. Las manos y los pies que nos muestra son las manos y los pies de todos sus hermanos y hermanas heridos por las guerras y el odio. Por boca de todos los hambrientos de la tierra nos dice una y otra vez: "¿Tenéis que comer?”

          En estos días se habla mucho de la "Nueva Evangelización" y de la necesidad de re-evangelizar la sociedad occidental. Para ello, es imprescindible deshacerse de todas las imágenes de Jesús, a menudo muy sentimentales, que se han acumulado en la conciencia colectiva durante muchos siglos, pero que ya no hablan a las mujeres y hombres de hoy. Volvamos a exponernos al impacto de las propias palabras del Evangelio. Dejemos que Jesús entre en nuestras vidas y nos diga "¿por qué estáis perturbados?" y nos llame de nuevo a la "conversión proclamada en su nombre para el perdón de los pecados".

Armand VEILLEUX