Sábado de la 8ª semana del Tiempo Ordinario – 30 mayo 2026

Judas 17, 20b-25; Mc 11, 27-33 

Homilía

          En nuestra lectura del Evangelio de Marcos, hemos llegado ya al capítulo once, que comienza con la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. Y en el relato que leemos hoy, tenemos un buen ejemplo del enfrentamiento de Jesús con los escribas y los ancianos del pueblo. Una confrontación que seguirá escalando y conducirá a la muerte de Jesús en la cruz.

          El tema central de este enfrentamiento es la cuestión de la autoridad. Los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos (todos juntos, si nos atenemos al texto de Marcos) preguntan a Jesús con qué autoridad enseña libremente en el Templo. Lo que sin duda les preocupaba era el hecho de que enseñara «con autoridad». Por otra parte, se cuidaban de no tener al pueblo en su contra, como en su actitud ante Juan el Bautista, porque reconocían cierta autoridad en el pueblo.

          Para la primera lectura, tuvimos un pasaje de la carta de Judas, que es de hecho el único pasaje de este breve texto que tenemos en el leccionario litúrgico. Este Judas no es el apóstol Judas, sino el hermano de Santiago, uno de aquellos a los que el Nuevo Testamento llama los «hermanos del Señor», es decir, miembros de su extensa familia. Es uno de los últimos escritos reconocidos por la Iglesia primitiva como escritura inspirada, parte de la Sagrada Escritura o Palabra de Dios.

Armand Veilleux