1 de mayo de 2026 - Fiesta de San José Obrero
H O M I L I A
Para la gente de su propio pueblo, Jesús era conocido como el hijo del carpintero. Y un día, cuando los doctores de la ley le acusaron de infringir las normas del sábado al realizar milagros en ese día, él respondió que su Padre celestial trabajaba sin cesar y que él también lo hacía.
En la primera lectura, hemos escuchado la hermosa y poética descripción de la obra creadora de Dios, que culmina con la creación del hombre y la mujer, a imagen y semejanza de Dios.
Hemos sido creados a imagen de Dios; al participar, por la gracia, en la naturaleza divina, participamos también en su constante actividad creadora. La creación no es algo que ocurrió de una vez por todas hace unos miles de millones de años. Dios está siempre en el acto de crear el mundo. Y este es el fundamento de la gran dignidad del trabajo humano — de cualquier forma de trabajo humano.
Una de las mejores expresiones de comunión entre dos personas consiste en hacer algo juntos — crear algo juntos. Cuando trabajamos, participamos en la actividad creadora de Dios; creamos el mundo con Él. Y por esa razón, el trabajo como tal tiene en sí mismo una dimensión muy contemplativa. Sería un error muy pernicioso pensar que solo somos contemplativos cuando no trabajamos. Por el contrario, el trabajo realizado en la conciencia de la presencia de Dios y de la actividad de Dios tiene una dimensión contemplativa auténtica e importante.
Esto implica una enorme responsabilidad. Somos responsables, junto con Dios, de todo el mundo creado. El texto del Génesis, bien traducido y bien entendido, constituye el mejor fundamento teológico para la conciencia ecológica que se ha convertido en un imperativo para la propia supervivencia de nuestro planeta. La elección de las palabras en una traducción siempre está influida por la mentalidad de la época. La mayoría de las traducciones del libro del Génesis afirman que Dios ha dado al hombre la orden de dominar todo el cosmos. Y así lo hemos entendido en el pasado, dominando, utilizando y abusando de todo el mundo creado... con algunas consecuencias catastróficas. Pero en realidad no es lo que dice el texto. Lo que dice el texto es que los seres humanos están llamados a ejercer el señorío sobre el cosmos, pero de la misma manera que lo hace Dios: un señorío de amor y cuidado. Un señorío que nutre y no destruye.
Tratemos todo el mundo creado, a través de nuestro trabajo, de tal manera que podamos decir con toda sinceridad, al final de cada una de nuestras acciones, como lo hizo Dios: «Es bueno, muy bueno».
