2 de septiembre de 2026 - miércoles, 22.ª semana par
H O M I L I A
En esta 22ª semana del Tiempo Ordinario, el lunes, comenzamos a leer el Evangelio de Lucas.
De los cuatro Evangelios, el de Lucas es sin duda el mejor «estructurado», pues Lucas sabía escribir. Sobre todo, sabía organizar bien su material. Los dos primeros capítulos de su Evangelio, que parecen tratar de la infancia de Jesús, anuncian en realidad los grandes temas de todo el Evangelio. Del mismo modo, los siguientes capítulos, en particular el capítulo 4 (ayer y hoy), ya anuncian las dos grandes formas del ministerio de Jesús: sus curaciones y su proclamación de la Buena Nueva.
Cabe señalar que, mientras que nosotros hablamos con facilidad de milagros, Lucas se limita a hablar de «curación». Según nuestra concepción moderna, un milagro es algo que no se explica en el contexto de lo que entendemos por leyes de la naturaleza. Sin embargo, esta concepción del milagro es totalmente ajena al hombre y a la mujer de la Biblia. Para el hombre de la Biblia, no existen las leyes de la naturaleza. La naturaleza está sometida en su totalidad a la voluntad y a la omnipotencia de Dios, que actúa en ella como le place y cuando quiere. Para el hombre de la Biblia, no hay milagros; simplemente hay «mirabilia Dei», «maravillas de Dios», es decir, acciones más llamativas en las que Dios manifiesta su omnipotencia. Y todas las acciones maravillosas realizadas por Jesús no son, en primer lugar, manifestaciones de omnipotencia, sino más bien manifestaciones del amor misericordioso de Dios hacia los hombres, sobre todo hacia los pequeños, los que sufren y las víctimas de las fuerzas del mal.
No ignoramos todo el sufrimiento que hay en el mundo de hoy, en los cuerpos y las almas de nuestros hermanos y hermanas en la humanidad. Pidamos a Jesús que siga revelando en ellos, como lo hizo en los habitantes de Galilea hace dos milenios, las maravillas del amor misericordioso de su Padre.
Armand Veilleux
