Continuamos nuestra lectura del capítulo 6 de San Juan. En las secciones que hemos leído en los últimos días, Jesús nos ha vuelto a decir que Él es el Pan de Vida, y que todo el que acuda a Él con fe tendrá la vida eterna. Hoy establece el vínculo entre la fe y el sacramento de la Eucaristía. El pan que dará a los que acudan a Él es su carne, ya entregada para la vida del mundo. En estas pocas palabras se establece el vínculo no sólo entre la fe y el gesto sacramental, sino también entre la fe, el sacramento y el acontecimiento de la Cruz.
En esta breve sección del gran discurso sobre el Pan de Vida, Jesús afirma dos cosas: La primera es que él mismo es el pan de vida, y que quien acuda a él por la fe -quien crea en él- ya no tendrá hambre ni sed. Jesús sacia todas nuestras hambres y sed, tanto espirituales como físicas.
A lo largo de la semana que comienza, la primera lectura de la Misa nos introducirá en los inicios de la evangelización, con la muerte del primer mártir, Esteban, la persecución que se desató entonces contra la Iglesia en Jerusalén y Judea y, al mismo tiempo, la extensión de la predicación a los gentiles.
En esta breve sección del gran discurso sobre el Pan de Vida, Jesús afirma dos cosas: La primera es que él mismo es el pan de vida, y que quien acuda a él por la fe -quien crea en él- ya no tendrá hambre ni sed. Jesús sacia todas nuestras hambres y sed, tanto espirituales como físicas.
Todos los evangelios de los domingos de Pascua están tomados del Evangelio de Juan, excepto el de hoy, que es de Lucas. Lucas relata tres apariciones de Jesús el día de Pascua: 1) a las mujeres, que fueron las primeras en tener el valor de acercarse al sepulcro por la mañana, temprano; 2) a los dos discípulos, que habían decidido volver a su pueblo y a su trabajo; 3) a los Doce, que seguían paralizados por el miedo en el lugar donde se habían encerrado.
La primera lectura de los Hechos de los Apóstoles sigue describiendo los comienzos de la Iglesia en Jerusalén. Ayer vimos cómo el diácono Esteban, lleno de la gracia y el poder de Dios, realizaba signos y prodigios, y cómo sus adversarios no eran rivales para la sabiduría divina de la que estaba lleno. Hoy tenemos la descripción de su violenta muerte. Esteban no es sólo el primer mártir de la historia de la Iglesia, sino el modelo por excelencia de constancia y fortaleza en el testimonio supremo hasta la muerte. Entregó su alma a Jesús igual que Jesús había entregado su espíritu al Padre y, en este movimiento supremo de entrega, se le abrieron los ojos e incluso antes de entregar su alma vio la gloria de Dios.
La multiplicación de los panes es el único signo realizado por Jesús que se recoge en los cuatro Evangelios. Esto demuestra la importancia que le atribuían los primeros cristianos. Hoy leemos el relato en la versión de Juan. Juan relata este acontecimiento después de unos 65 o 70 años de meditación. No se interesa por el signo o el milagro en sí. Todo su relato se centra en la persona de Jesús. Nos muestra a Jesús compartiendo sencillamente, muy sencillamente, sin contar, sin prestar atención al tamaño de la multitud.